¿Qué hacer cuando el miedo, la desesperación y el estrés cunden en nuestras vidas?

A menudo nos vemos llenos de miedo, desesperación y estrés por los distintos obstáculos, pruebas y retos a los que nos sometemos. Puede que muchos de estos condicionamientos sean nimiedades, pero lastimosamente parece que el ser humano tiene ese don innato de ver con lupa todas las cosas que en realidad son sencillas. En algunas otras ocasiones los problemas son más grandes de lo que parecen.

Pero…

¿Acaso no conocemos usted y yo a alguien que es aún más grande que todo ésto?

Dios no quiere simplemente que proclamemos su soberanía, sino que también creamos y confiemos en ella. En esta nota le presento dos versículos que cuando estoy fuera de tranquilidad leo y en cuestión de segundos no recuerdo ni el mínimo sentimiento de zozobra que antes sentía.

 Yo estaré contigo, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te he prometido. Te cuidaré por dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra. (Génesis 28:15)

Dios da estas palabras de ánimo y aliento a Jacob en el Antiguo Testamento: lo acompaña, no lo abandona, hará cumplir su promesa y le protege. Lo mismo nos promete a nosotros y poder aceptar que es cierto, es dejar que su poder actúe con libertad sobre nuestra debilidad.   La palabra de Dios más que un libro de historia, es un libro de fe, que se renueva y que lleva como propósito dejarnos a usted y a mí un mensaje en el que podamos creer con seguridad.

El otro pasaje que me transporta de las tinieblas a la luz en un instante es el siguiente:

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:6-7 Nueva Versión  Internacional: NVI)

En otras palabras, Dios le dice que no se preocupe, que en lugar de perder tiempo en eso mejor ore y ruegue, que le presente sus anhelos y que de esa manera la paz que Cristo nos da, esa que no es como la del mundo sino que tiene una magnitud gigante nos hará sentir relajados, tranquilos, confiados. Dios nunca ha querido que seamos víctimas del sufrimiento, él mejor nos ha dado un opción nada complicada: creer firmemente que el resuelve y pelea nuestras batallas.

Ya no se complique derritiéndose en el calor del fuego, Jesús quiere que usted tenga su paz, que respire esperanza, que irradie felicidad y que trascienda a través del poder del amor. A la próxima, cuando sienta que está cayendo en el abismo de la desesperación recuerde que Dios está esperando ansiosamente su oración para poder brindarle paz inagotable y solución para sus problemas.

Finalmente, le pido que se haga de nuevo esas preguntas existenciales pero respóndalas de acuerdo a lo que Dios le dice en los versículos citados anteriormente:

  1. ¿Estoy solo (a)?
  2. ¿Dios me abandona?
  3. ¿Cumple Dios sus promesas?
  4. ¿Estoy desprotegido (a)?
  5. ¿Debo preocuparme?
  6. ¿Debo orar, rogar y dar gracias, en lugar de estresarme?
  7. ¿Puede alguien darme paz?

¡Feliz día lleno de la Vida!

 

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