Una ley vital; No romper el ritmo.

Con frecuencia nos sentimos aturdidos, locos y hasta desahuciados con la turbulenta ráfaga de problemas que se nos disparan. En algún momento de mi vida cuando tenía 13 o 14 años  veía que todo se venía abajo. Opté por enojarme, por dormir para solucionar los problemas y hasta por llorar exhaustivamente para deshacerme del dolor. No puedo describir esas alternativas como un error porque de no haberlas probado no hubiese descubierto lo que hoy les comparto. ¡Eso no funciona! ¡NO!

Descubrí que el ser humano no es estático y que detenerte en el insignificante cuarto del enojo, o del llanto o del sueño sólo te consigue perder tu tiempo pero no mejorar tu situación. Debemos continuar. Imaginemos nuestra vida sin esos problemas, ¿acaso no sería perfecta? Bueno, entonces lo es. Los problemas son temporales, y son desafíos que tenemos que tomar para darnos cuenta en realidad de cómo Dios puede obrar increíblemente sobre nosotros.

A veces veo atrás y veo cómo la mayoría de las cosas que he logrado se han concebido en un desorden. Y es que nunca me detuve. Todo fue difícil pero mantuve mi esperanza en Cristo y si en él estuvo fue segura. Todo cambio tiene su momento de desorganización pero es sólo porque todo nuestro organismo y espíritu se están adaptando a una nueva condición.

Creo que debes moverte y cansarte de estar en esa miserable condición para poder saltar a otro nivel. Luego, debes aceptar la ayuda que Dios te da porque meramente sin él no somos nada. Finalmente debemos pagar, toda recompensa requiere de un sacrificio, pero les aseguro que la inversión vale la pena.Les invito a sumergirse en el maravilloso plan que Dios ha escrito para ustedes. No les garantiza no pasar por la tormenta, pero sí estar junto a ustedes mientras sucede. ¿Qué más queremos si tenemos al creador de nuestra parte?    

CUANDO ESTÉS EN EL LUGAR MÁS OSCURO, RECUERDA QUE DIOS TE PIDE QUE CONFÍES EN ÉL, Y QUE RECORRAS EL CAMINO QUE TE HA PREPARADO.   

No te detengas, el enemigo sabe que eres sumamente poderoso cuando no te echas a dormir, o a llorar o a quejarte. No quiere que seas una amenaza para él. Es tu decisión creer en sus engaños o aceptar la gracia, energía y espíritu que Dios te brinda para que hagas grandes proezas.

Lo mejor está por llegar…

Ya está llegando…

Llegó.

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