Cuando algo llega a su fin

Cuando algo llega a su fin podrás sentirte destruido y tienes que aceptar que lo estás. ¿Explicaciones? No se las debes a nadie. Existen asuntos que se quedan mejor en el olvido que en el recuerdo a cada momento. Debemos saber ¿Qué queremos predicar;  Si un principio o un final? Y si todo ha terminado no hay porque ser irracionales y querer contarle a todo mundo un final. 

Aunque duela mucho nos debemos aferrar a la idea de que hay un lienzo en blanco. Puede que la luz nos asuste, pero no es oscuridad; no hay nada que temer. Existen muchos colores a nuestra disposición y una sonrisa que nunca pasará de moda. Vestirse de arcoiris cuando el alma se siente de luto puede que no parezca ser lo mejor, pero lo que se perdió se ha ido y no necesitamos más muerte sino vida.

Tampoco hay que ser paranoicos y pensar que somos incapaces de pintar otra obra. La inspiración no siempre está disponible pero las lecciones sí. A veces para comenzar de nuevo se necesita aprender un poco, pues por lo mismo porque estamos por afrontarnos a lo desconocido (y no hay razón por la cuál sentirse avergonzado).

Cuando algo llega a su fin, a veces nos sentimos tristes y a veces llenos de libertad; no importa cuál de estos sentimientos percibas ahora. Lo que importa en realidad es que no cierres tus ojos a lo evidente y que te des cuenta de que desde en el momento en que ese algo llegó a su fin, algo nuevo comenzó.  

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