¿Por qué reflejar el Rostro de Dios?  

​Cuando pienso en mi vida como Cristiana me encuentro anonadado de ver cómo he cambiado y cómo continúo cambiando para acercarme más a Dios. La vida de un cristiano es una constante lucha, en la cuál decidimos dejarlo todo a un lado para seguir a Cristo.
Seguir a Jesús implica renunciar a la soberbia. Es dejarle al Señor el control de nuestra vida para que haga su Santa voluntad. A medida que le vamos dando nuestra vida en oración él nos va cambiando. Nos da un corazón manso y humilde que está dispuesto a padecer cualquier riesgo con tal de cumplir  los mandatos del Señor y así mismo confía en que será el quien lo proteja. (Proverbios 3:5)

Hoy cuando estudiaba  un tema para la familia encontré una lectura muy interesante en Génesis 33:10.

Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro  de Dios, pues que con tanto favor me has recibido.

Al terminar de leer lo que Jacob le dijo a su hermano Esaú quise llorar. ¡Qué lindo! Pongamos atención a la última frase, en otras palabras le dice que por la dulzura y la calidez con que lo  recibió sintió que estaba viendo el Rostro de Dios.

¿Cómo podemos nosotros, hermanos, reflejar el rostro de Dios? ¿Cómo podemos ser esa grata experiencia para  a nuestro prójimo?  ¿Cómo podemos ser ese refugio para los demás?

Es sencillo, debemos eliminar nuestro ego, dejar de preocuparnos tanto por tener la razón y por estar siempre seguros. Hay que dejar que Dios se encargue de ser nuestro defensor y también nuestro doctor y es momento de que usted y yo querido lector seamos un retrato de amor.


Podemos ser una voz  apacible cuando haya conflicto, una mano que diga ¿En qué te ayudo?, un cuerpo  dispuesto a abrazar al afligido y a aquellos que apreciamos, un consejo sin regaño para el arrepentido. Nosotros podemos ser los unos a los otros el Rostro de DIOS.

Habiendo tantas maneras de demostrar nuestro amor no podemos dejarlas sólo pasar. Hay que hacerlas nuestras, y llenar a todo el que nos rodea de la Energía y Paz que Dios nos sabe dar. 

Me despido con un versículo que no pude dejar de asociar con este mensaje:

Mateo 25:40

 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 

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