Ingenuidad Destructora

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La ingenuidad es definida como la falta de malicia. También en algunos casos como la inocencia; una ignorancia sana. ¿Pero puede ésta convertirse en un ente perjudicial? Por supuesto. Mientras caminaba por el pasillo para cambiar de salón escuché el reproche de un estudiante:

“¿Sabes qué es lo peor? que a mí de verdad me hubiese gustado aprender algo en sociología”. 

Jamás he estado de acuerdo con la falta de ética profesional. Los docentes que no explican en clase y se limitan a dejar trabajos con la excusa de que el alumno debe ser autodidacta a plenitud, está negando su razón de ser. Pues entonces, ¿para qué es un maestro? Pero ¿por qué forjarnos nuestro fracaso en esas clases en las cuáles estamos seguros de que no vamos aprender a través de la enseñanza del profesor? No debemos ser ingenuamente destructores.

Señores y señoras, no podemos cambiar la libre cátedra de alguien. Los adultos son casi inmutables, pues el grosor de su ego no les permite ser mejores. Lo que sí podemos hacer es armarnos en valentía y determinación como para estudiar esa clase por nosotros mismos y eliminar las dudas que encontremos con ese maestro, si es que éste está dispuesto a hacerlo. De lo contrario, saciemos la incertidumbre con una búsqueda incesable.

Pero, no creemos excusas para justificar nuestra suicidio académico.

Con amor a la lucha,

con ánimos de contribuir al aprendizaje,

Amparo Cribas.

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