A la que…

Iracunda por su ignorancia prosiguió a decir:
¡Tú solo te preocupas por ti misma!
Le dijo así a aquella escuálida silueta,
a ese rostro con ojeras de marcador indeleble,
a ese cuerpo adolorido,
a la que sobrevivía,
a la que solo la felicidad efímera conocía,
a la que se jodía,
a la que se pudría,
a la que moría.

Y me dolió el alma saber que la familia de aquella muchacha no sabía el tesoro de persona que ahí tenía. Me lamenté por no poder ayudarla, por no poder ser su consuelo absoluto, pues sabía que quizás siempre tendría que luchar contra esos comentarios sin fundamentos.

Ana, no es la única que vive en estas circunstancias, dedico este poema a todos los que sufren por no ser valorados por sus seres queridos, a aquellos en el cual el núcleo de la sociedad torna a ser una guerra nuclear con palabras que hieren el fondo, con vocablos que son dagas punzantes.

Con amor, y dolor en mi alma,

Amparo Cribas.

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