A mis 20 años

Ayer cumplí 21. ¿Es bonito? Quizás. Me alegra haber descubierto pequeños secretos que me acercan cada día más a un sosiego pleno.

Existe mucho de lo que quiero escribir. Parece que a veces no puedo hacerlo, o no he querido hacerlo. Últimamente trabajo arduamente en un par de planes que me hacen feliz, es sólo que tal vez lo que más me emociona es escribir así que no puedo dejar a un lado las letras por mucho tiempo.

Los eventos difíciles de la vida nos hacen perder la esperanza, y cuando la noche comienza parece que nunca va a desaparecer. La luz que ilumina las almas es muy distinta a aquella que ilumina una habitación, pues no es con electricidad que se gana, ni con focos ni con fuego o lámparas… La luz que internamente está debe nutrirse. Me gusta hacerlo a través de mucho, todo al final apunta a la misma dirección: “el amor”, pero no hay nada mejor que iluminar con la oración. Cuando le rezo a Dios, me doy cuenta de que el desorden es diminuto y que aunque todo me dice: “teme” yo sé que lo único que debo escuchar es el silente ruido que dice “cree”. Es difícil creer, pero es más difícil creerle a Dios. Pero ese adagio popular que se escucha a menudo: “todo lo bueno cuesta” no es erróneo. No hay nada mejor que saber que Dios respalda nuestras vidas. Que él está dispuesto a cuidarnos, y que la magia sí existe pero no en ese cuadro que nos la han pintado sino en uno gigantemente hermoso… fe y amor. Pero también paciencia y todo resumido en la segunda: AMOR. 

Si hay algo que en mis 20 años aprendí fue a hacerme feliz, y aún no encuentro todo, pero es en la búsqueda donde están más emociones hermosas. 

No sé si este texto les parezca bueno, hoy no comparto con ustedes lo más profesional. Tómenlo como mi corazón hablando con un amigo, con una amiga, o con un desconocido. 

Tengan fe.

2 comentarios sobre “A mis 20 años

  1. ¡BRAVO AMPARO! A las que nos gusta escribir, de cuando en cuando caemos en la tentación de abrir nuestro corazón ante aquellos que nos van a leer. Y así, expresamos lo más hermoso de nosotras mismas, eso que nos cuesta retener en nuestro interior porque brota del alma y esta no sabe más que de amor.

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