Cosecha de Frutos podridos sembrados en Casa

Seguido de un doloroso suspiro, mi buen amigo Luis dijo:

“La gente subestima el valor, las consecuencias y ventajas que la disciplina tiene”. Le puse mi mano en su hombro y me abrazó. Mi camisa ese día era escotada, así que sentí la humedad caer hasta empapar la espina de mi escápula. ¡Ya no aguanto, Amparo! Había mucha gente en el aula, así que le dije, vamos… en el camino me cuentas. Al llegar al oportunamente vacío campo, decidimos sentarnos en las calurosas bancas que nos guardaban una minuta frescura.

Puso sus ojos en el árbol grande que está cerca de la entrada de la universidad. Sin dirigir hacia mí su mirada, volvió a suspirar… Todos los días es lo mismo. Mi corazón empezó a partirse desde escuchar esa frase, pues no hace falta ser un erudito para saber lo que representa; una molestia constante que es difícil de esquivar y en el 90% de los casos todo se atribuye a un índole familiar. Mi sospecha resultó ser cierta, y la confirmé cuando me dijo: “Yo doy lo mejor de mí para ayudar a mi hermanita a hacer sus tareas, pero ella nunca obedece”. Me contó que todos los días lo culpaban de egoísta, pero que sus padres no valoraban lo mal que él tenía que pasarla con Dalila. 

“Yo sabía que esas peleas de mis padres no acababan ahí y que el problema sólo estaba por empeorar.” “En cada hogar es diferente, en el mío mi mamá fue la culpable.” 

Me dijo: Ella dejaba que mi hermana hiciera lo que sea que se le antojase. Íbamos de compra, y mi hermana lloraba por querer algo, para que Dalila dejase de llorar se lo compraba. Estábamos en casa y Dalila quería ver televisión hasta tarde. Papá la mandaba a dormir, y se lo apagaba, pero Dalila continuaba molestando a mamá, así que se iban a la sala a desvelarse. Al día siguiente Dalila no quería despertar para ir a la escuela, así que papá la levantaba contra viento y marea, mamá le decía a papá que la iba a mandar, pero se quedaban durmiendo en la casa. 

No creo que deba seguirte contando todo ésto… Me siento mal porque prácticamente estoy hablando mal de mi familia. 

En realidad, yo segura estaba de que eso sólo era la verdad, y ésta puede a veces ser buena o en ocasiones mala. 

Ahora que Dalila está en tercer grado, no puede leer fluidamente, mi madre no hace con ella las tareas y mi papá dice que yo debo ayudarle. Mis padres se quejan, mis abuelos lo hacen y todos me culpan de un fruto podrido que ellos sembraron. Una con irresponsabilidad y uno con indiferencia, y quizás yo por ser el chiquito de la casa que en eso no se debía meter pero que ahora todo tiene que resolver.

Me duele tanto tener que soportar los berrinches de Dalila todos los días, porque yo la amo, pero su malcriadez me hiere. 

Ojalá todo mejore… pronto. 

Te quiero mucho, Luis. 

Lo vamos a resolver.

Queridos lectores, si ustedes son padres, por el amor de Dios, sepan dar disciplina a sus hijos, lo que como un pequeño problema empieza al final se convierte en un grave lío que repercute en el corazón de todos. Se dañan las vidas, se destruye la paz y todos sufren. Por favor, que la historia de Luis no se repita en sus casitas. 

Esta historia continuará.

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