Cuando me enamoré…

Hace poco me enamoré. Creo que fue a finales del primer periodo de este año, ya ni segura estoy; me gusta olvidar lo irrelevante…Recuerdo cada día siendo aún más entretenido de lo normal. Recuerdo, estar pendiente de cada mensaje, de cada detalle. ¡Qué ingenua, fui! Me es ahora muy hilarante… ustedes saben, cuando entregan su tiempo a una persona pese a los compromisos, para que al final todo resulte en NADA.

Y bueno, lo gracioso es que uno siempre piensa en que “this will be the one” en que él será el indicado, o que esta vez las cosas sí funcionarán. Fue bonito. Como toda oportunidad para amar, me divertí en las ilusiones, en las mariposas, en eso. Fue bueno, en su momento. Le escribía al menos tres poemas a diario, y ahora esos están en algún rincón de mi Google Drive, porque como sabrán, a veces no se escribe mucho a mano… total que siempre tengo que pasarlo al procesador de texto para publicarlo.

Este relato no tiene mucho orden, así que: “no lo busquen”.

Sólo quería compartirles esta trivialidad porque aún siendo una…forma parte de nuestras vidas.

Vale probar en el amor, siquiera para tener bien claro LO QUE NO QUIERES.

Saludos a todos mis lectores,

su tiempo invertido aquí hace que la sombra de nuestra soledad se desvanezca.

Sus comentarios son siempre bienvenidos, por aquí o directamente a nykollcribasc@gmail.com

Pronto estará disponible el primer poemario en PDF, una colaboración con mi amigo, David Melgar.

Cuando no hay energía eléctrica …

Recuerdo haber estado leyendo un buen articulo tocante a cómo el atletismo extremo es la nueva crisis de la Edad Media… al mismo tiempo veía por partes One Strange Rock en Netflix. Hasta que… sí, mi televisor y mi ventilador se apagaron, así que tuve que enfocarme en una sola cosa, terminar de leer.

A veces, al tenerlo todo, lo queremos todo ¿les ha sucedido? Es por ello que creo que cuando no hay energía eléctrica, es importante recordar que a veces la nuestra también puede agotarse y definitivamente lo hace mucho más rápido que la eléctrica. Así que, primero, lo que más urge.

¡Saludos a todos! ¡Gracias por su tiempo aquí! Recuerden que su opinión en estos comentarios o por correo nykollcribasc@gmail.com son bienvenidos.

Ser ateo no es sinónimo de “Oportunidad para Evangelizar”

Cuando era pequeña, alrededor de 11 o 12 años, admiraba y aún lo hago, a uno de mis tíos, él no cree en Dios e incluso, cuando puede, hace chistes profanos. Todo este caso me parecía extraño, porque realmente era el único en mi familia… Crecí con preguntas, los típicos ¿Por qué? Él debe estar mal… Pero según fui creciendo, eventos diversos me hicieron hacerme cada vez menos esos signos de interrogación. Mi relato lo comparto aquí.

A mis 14 años, hubo una maestra que cambió mi vida, me obligaba a leer libros para aprobar mis clases, y eran cristianos. La verdad, no sentía nada de aversión al respecto, aunque “no tuviese opción”, yo amo leer. Ese alimento literario que era cada vez más asiduo hizo que mi espiritualidad y teísmo crecieran, aunque mi religiosidad fuese una extraña mezcla de protestantismo evangélico y catolicismo. Mis ideales cristianos se arraigaron tanto que ahora eran algo crucial para mi vida moral; eso me evitó muchos problemas en mi adolescencia.

En una ocasión, recuerdo estar viendo un programa de televisión local, en el cual entrevistaban a un ateo, acerca de todas sus teorías y razones por las cuales no creer en Él. En el transcurso de la transmisión, dieron oportunidad, para que los “cristianos” llamaran y participaran. Mi rostro se llenó de vergüenza cuando escuché: “Ese hijo de la gran p… se va a ir al infierno, por no creer en Dios” “Es un semejante estúpido”… las opiniones seguían y no hubo ningún comentario digno. Esa noche me tomé el atrevimiento de contactarme con ese Señor, y decirle que eran fanáticos, y que lamentaba mucho que gente que decía creer en YHVH, fuese así.

Me di cuenta de una cruda realidad, el cristiano, tergiversa el evangelio, escuchan la homilía y también la prédica como una verdad absoluta. Me gustaría que mis hermanos fuesen más inquisitivos, que estudiaran la Biblia, y que no creyesen que una sola interpretación es la correcta. Hay que desarrollar criterio, porque de lo contrario, podría haber una confusión entre quién es el cristiano aquí… A veces, les basta con escuchar que alguien es ateo para verlo con lástima y empezar a predicarle, cuando en realidad, no se puede creer uno tan importante como para cambiar las ideologías de alguien en un segundo.

Quiero concluir, con ésto: “que alguien no crea en Dios no interfiere con que tú lo hagas”. Tienes que estar seguro de tus creencias y no buscar formas de respaldarlo frecuentemente, cuando el Señor, ya conoce cuánto le amas. Los ateos no tienen por qué ser excluidos tampoco de nuestra cartera de amistades. El mejor testimonio de fe que puedes ofrendar es “EL AMOR”, sin distinción alguna. En la universidad he experimentado conocer a un ateo, que se ha convertido en un verdadero amigo, y ha hecho cosas por mí, que ni las personas a quienes más expectativas les he guardado, han superado.

No todo es blanco y negro, también hay gris.

Te quiero mucho,

Luis Fernando Garay.

Cuando la medicina me jugó una mala pasada…

Ese día estaba ansiosa por obtener mi nota, la maestra, gritó un nombre, y mis nervios hicieron que mi geniculado medial me fallara al oir, porque ésto fue lo que dije: “¡Bilirrubina, le llaman!” … “¡Me llamo Ludivina!” Me gritó enojada la muchacha. Les juro que nunca me había sentido tan avergonzada, me dio mucha pena haber escuchado eso de forma tan tergiversada. ¡Pero bueno! ¿Qué se podría esperar de una estudiante de medicina?

¿Por qué no pude dejar de leer?

Un artículo para mis compañeros en la Facultad de Medicina, a nivel nacional e internacional. Pero, especialmente para los de la Universidad Católica de Honduras, “Nuestra Señora Reina de la Paz”, Campus San Pedro y San Pablo.

A algunos nos apasiona la lectura, es un vicio sano (o al menos es lo que me hago creer, jajaja). En fin, mis queridos lectores, ésta es mi historia. Empecé a estudiar medicina, la carrera de moda, pero no lo hice por boga, sino porque es lo que siempre he querido desde pequeña. Escribiré algo aparte para describir el por qué de esta importante decisión.

Soy una trabajólica, me encanta hacer lo que hago y lo disfruto.

¡Me hace feliz!

En el 2017, decidí iniciar la universidad con la misma excelencia con la cual logré gracias a Dios, familia, amigos y maestros, desempeñarme en la secundaria. Lo gracioso, es que esta tontita, no sabía lo que le esperaba. Construir la base de este edificio me tomó dos años de constantes pruebas. Mientras, luchaba por encontrar las formas más adecuadas para estudiar dejé de leer, escribir, tomar fotografías; morí.

Me hice muy infeliz. No me satisfacía a plenitud estar estudiando. Pero, pensé que era incapaz de llevar ambas cosas de la mano. En medicina, tenemos que leer mucha ciencia, y a veces pensamos que un poco de literatura, nos hace perder el tiempo. Pero, no pude dejarlo, no permanentemente.

Allá como a finales del segundo año, decidí reivindicar mis derechos como alma de artista, y es así como no pude dejar de leer. Porque me sentía tan incompleta. Ahora leo mucha poesía (gracias a un taller en el Centro Cultural Sampedrano al que asistimos con mi buen amigo, Iván Flores). Y por supuesto, sigo leyendo el género que me fascina “Desarrollo Personal”. Los artículos son me enloquecen, así que también los continúo saboreando muy a menudo. Recientemente estoy leyendo fragmentos de encíclicas por mi clase de Doctrina Social de la Iglesia…también me ha embelesado.

He vuelto a ser quien soy.

¿Y qué creen? Todo va aún mejor en la universidad, porque no solo puedo estudiar óptimamente, sino llenar mi corazoncito de emociones que me cautiiiiii-van.

Mi mensaje con este relato es el siguiente: ¡Produzcan el balance, búsquenlo! Porque el arte no debe separarse de nuestras almas y existen maneras de hacer que todo funcione, para ello debemos trabajar duro, pero es saludable y vale la pena ir por ese tesoro ¡Vamos, seamos médicos llenos de vida! Tengamos siempre ese pasatiempo que nos confiere libertad y pasión para continuar aún en medio de la adversidad.

Con amor a lo bueno,

con ganas de cambiar el mundo,

Amparo Cribas. 

Pueden escribirme en estos comentarios o enviarme un correo a nykollcribasc@gmail.com

Me encantaría conocer su opinión;

es  única y valiosa.

¡Saludos a mis lectores de Honduras, Estados Unidos, Colombia, México, Perú, El Salvador, España, Argentina, Costa Rica, Venezuela, Canadá, Uruguay, Panamá, Guatemala & República Dominicana!

El orgullo para lo bueno.

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Después de dos días de poca productividad porque había estado con una intoxicación alimentaria, era hora de reestablecer mi rutina habitual (aunque en ese entonces tenía poca o ninguna; por eso de que me ha costado recuperar el ánimo después de que falleció papá, pero esa es otra historia y no quiero desviarme más.)   En fin, necesitaba lavar platos para hacerme una sopa, pues sería lo más adecuado para mi estómago, pero ¿qué creen? Ya eran las 11 AM no había agua.

Así que en vista de que nadie me auxiliaría porque mi mamá dormía tuve que hacerlo aunque costase mucho. Eso sin comentarles, que su servidora no es la mejor cocinando😂🤣. Empecé a llenar la cubeta para recolectar agua, fui lavando los platos, luego piqué la papa, eventualmente y sin pensarlo mucho (obviamente, escuchando algo positivo; Alex Dey), fui preparando la comida que necesitaba y no solo eso…fui arreglando alrededor, y con una inversión de 30 minutos todo se miraba mejor.

En eso pensé, soy capaz de hacer este pequeño logro y muchos más. No hubo necesidad de pedir ayuda sino de pedirme ayuda y hacer lo que emprendía con mucho entusiasmo. Analizando la situación también relacioné varios eventos anteriores en los que se me daba un proyecto en cuna y en un corto plazo había logrado llevarlos a caminar. Por lo tanto, a lo que quiero llegar, amigos, es que “el orgullo para lo bueno“, tomemos un poco de esa actitud soberbia para decir ¿Saben qué? Voy a transformar absolutamente todo lo que se me es dado,  y cualquiera podrá con seguridad confiar en que puedo hacer maravillas.

Con amor a lo bueno,

con ganas de cambiar el mundo,

Amparo Cribas. 

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Si va a llover, mójate.

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Para algunos, es necesario que una salida sea ostentosa. Yo la verdad, disfruto de las pequeñas cosas, de las casualidades, de un café o un helado, de treinta minutos o de quince. En esta ocasión escribo sobre un amigo. Fue gracioso cómo nos conocimos, porque cuando pensé que lo veía por primera vez, en realidad era la segunda. Verán, es compañero de mi hermana en la universidad, y ella ya me lo había presentado.

Por azar, nos cruzamos la calle al mismo tiempo al terminar nuestras clases de manejo. Yo lo había visto practicando y le pregunté cómo le había ido. Me dijo que bien, que ya aprendía a dominar el embrague. Luego añadí ¿Tu nombre? Wilson. ¿Y el tuyo? Amparo, o eres la hermana de Loanny. Ciertamente. En ese momento me di cuenta… fue muy hilarante ¡Qué pequeño es el mundo!

Al día siguiente, al terminar las clases, le dije que me acompañara a comprar un libro. Luego decidimos almorzar algo, pero terminamos solo tomando unas bebidas. En el café no había energía eléctrica, estaban trabajando con la planta. Se tardaron demasiado para recibir nuestro pedido, y mucho para entregarlo. Mi amigo sudaba, mucho, y le ofrecí mientras hacíamos fila que fuéramos mejor a otro lugar, a lo cual respondió: “está bien, no hay problema”. Me pareció interesante que desistiera un poco de la comodidad y a pesar de las circunstancias disfrutaba el momento.

Al final, terminamos disfrutando de un refrescante licuado y su limonada; ya que ama esa fruta. Y por supuesto, tuvimos una amena, plática.

El último día de clases, le ofrecí que fuéramos por helado (Si quieren hacerme feliz, regálenme). Pero parecía que iba a llover así que prudentemente le dije que lo podríamos hacer otro día, dijo que no le importaba mojarse. Fuimos por helado, yo por chocolate y él por… sí, limón. De nuevo, conversamos acerca de trivialidades, y un par de datos profundos. Al final que no llovió, y Wilson se quedó con las ganas de ver las gotas caer.

La sencillez de mi amigo, me recuerda, que las ocasiones más bonitas suceden cuando desistimos de vanidad, y acogemos la espontaneidad.

Con amor a la serendipia,

Amparo Cribas.

Pueden escribirme en estos comentarios o enviarme un correo a nykollcribasc@gmail.com

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es  única y valiosa.

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Da tu asiento y ayuda con su mochila

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Se encontraban tres filas de hombres sentados, entra una mujer cargando a su bebé, pasan tres minutos y ninguno se levanta. Le hago una seña y le doy el asiento.

Es increíble como ya no hay modales ni cortesía. Este mensaje no tiene por qué ser extenso, sencillamente, lo escribo porque debemos como buenos ciudadanos e incluso cristianos ayudarnos mutuamente cuando vamos en el transporte público. Quienes son hondureños entienden, a la perfección. Con gestos como ayudarle a a alguien con sus bolsas o con su mochila hacemos más que suficiente.

Pero hay más, puedes comprarle chocolates o galletas a quien va vendiendo, he visto gente de veinte años haciendo su mayor esfuerzo por llevar el pan de cada día. Y si piensas que no vas a consumir el producto, solo págalo y dile que lo venda. Son diez lempiras o veinte, que están dentro de tu presupuesto y equivalen al costo de una bebida que podrías ahorrarte al agua comprar.

También cuando hay ancianos hay que inmediatamente brindarles un lugar. Cualquier fractura que reciban a su edad les puede causar un daño a gran magnitud y la recuperación será muy dolorosa, contribuyamos a evitar uno de esos accidentes.

Puedes también ayudar a decirle a alguien que se siente cuando se desocupe un puesto, ya que a veces las personas van distraídas y quedan paradas por un largo tiempo solo por no estar pendientes.

¿De qué otras maneras podemos ayudar a nuestra comunidad en el transporte público? Espero tu opinión en los comentarios o tu testimonio, si eres de algún otro país. Si eres tímido puedes escribir directamente a mi correo:

nykollcribasc@gmail.com

  Con amor,

Amparo Cribas.

Las Respuestas están en el Pasado

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Quería ansiosamente volver a estar bien, quería deshacerme de las sombras de mis árboles de inseguridad y volver a abrir camino al Sol. Mas, ya había un bosque altamente proliferado, parecía imposible deshacerme de todo ello. Y es que la tala de árboles es penalizada por las leyes de mi subconsciente, pero había entre todo, una diminuta parte de mí, que no estaba desahuciada, una que pensó que la tristeza debía cesar. Así que aunque creí que no merezco al Sol, clamé a él e implorando le pedí ayuda. Sin vacilar me envió un rayo que fantásticamente hizo que todo árbol en exceso se secase.

Ahora la luz que entra es abundante, y por supuesto que hace calor, pero veo todo con claridad. Estoy llena de esperanza, con frenesí quiero volver al pasado… y eso es lo que hago. Depuro todo lo que pasó hasta llegar al momento en el que estuve bien y ahora recreo como cualquier productor de cine una época en la cual fui feliz, y por supuesto que hay cambios, idiota sería al pensar que todo será igual, sin embargo, es mejor que el absurdo presente moribundo que estaba viviendo.

Las metáforas serán siempre un amplio eufemismo para la cruda realidad, pero es que esta anestesia permite trabajar mejor.

El Sol, es Dios, y el rayo es mi mejor amiga, gracias a ambos.

Queridos lectores, gracias por su tiempo, espero que juntos emprendamos más cosas y que aun cuando la luz se haya ido, tengamos siempre presente: que volverá.

Con amor,

Amparo Cribas.