Les diste un enemigo en común…

Replicó Phil Coulson a la comandante Reyes, después de que ésta se mofaba de que él tenía un mal equipo. Fitz-Simmons, un físico nuclear y una bioquímica y Grant Ward, un agente de combate de S.H.I.E.L.D. pasaban discutiendo por discrepancias en el modo de operar cuando estaban en campo. Sin embargo, en el segundo episodio de la primera temporada al ser secuestrados en su propia nave, se unen para encontrar la solución más viable y la hallan. (Realmente, amo esa serie, la veo desde que tengo quince años.)

En esta ocasión les hablo al respecto porque considero que independientemente del origen que tengamos lo único que tenemos que tener fijo en nuestra mirada es un objetivo común. Por favor, en cada situación que enfrentes mantente como un líder, sim dar lugar a los sesgos y comprométete con lo que quieres lograr.

En nuestra vida, todo es más fácil cuando se lucha por una causa y que ésta sea común. No siempre es fácil. Digo, en algunos casos, hay muchos obstáculos. Por ejemplo, recuerdo en el colegio haber trabajado con una muchacha que me detestaba, pero yo estaba consciente de que ella posee habilidades y que éstas serían útiles para alcanzar la meta colectiva. Ella sabía lo mismo de mi persona. Por lo tanto, logramos montar grandes proyectos a pesar de las discrepancias emocionales que existían.

Busca un enemigo en común…

Te ahorrará problemas y te beneficiará muchísimo.

Con amor,

Amparo Cribas.

Si va a llover, mójate.

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Para algunos, es necesario que una salida sea ostentosa. Yo la verdad, disfruto de las pequeñas cosas, de las casualidades, de un café o un helado, de treinta minutos o de quince. En esta ocasión escribo sobre un amigo. Fue gracioso cómo nos conocimos, porque cuando pensé que lo veía por primera vez, en realidad era la segunda. Verán, es compañero de mi hermana en la universidad, y ella ya me lo había presentado.

Por azar, nos cruzamos la calle al mismo tiempo al terminar nuestras clases de manejo. Yo lo había visto practicando y le pregunté cómo le había ido. Me dijo que bien, que ya aprendía a dominar el embrague. Luego añadí ¿Tu nombre? Wilson. ¿Y el tuyo? Amparo, o eres la hermana de Loanny. Ciertamente. En ese momento me di cuenta… fue muy hilarante ¡Qué pequeño es el mundo!

Al día siguiente, al terminar las clases, le dije que me acompañara a comprar un libro. Luego decidimos almorzar algo, pero terminamos solo tomando unas bebidas. En el café no había energía eléctrica, estaban trabajando con la planta. Se tardaron demasiado para recibir nuestro pedido, y mucho para entregarlo. Mi amigo sudaba, mucho, y le ofrecí mientras hacíamos fila que fuéramos mejor a otro lugar, a lo cual respondió: “está bien, no hay problema”. Me pareció interesante que desistiera un poco de la comodidad y a pesar de las circunstancias disfrutaba el momento.

Al final, terminamos disfrutando de un refrescante licuado y su limonada; ya que ama esa fruta. Y por supuesto, tuvimos una amena, plática.

El último día de clases, le ofrecí que fuéramos por helado (Si quieren hacerme feliz, regálenme). Pero parecía que iba a llover así que prudentemente le dije que lo podríamos hacer otro día, dijo que no le importaba mojarse. Fuimos por helado, yo por chocolate y él por… sí, limón. De nuevo, conversamos acerca de trivialidades, y un par de datos profundos. Al final que no llovió, y Wilson se quedó con las ganas de ver las gotas caer.

La sencillez de mi amigo, me recuerda, que las ocasiones más bonitas suceden cuando desistimos de vanidad, y acogemos la espontaneidad.

Con amor a la serendipia,

Amparo Cribas.

Pueden escribirme en estos comentarios o enviarme un correo a nykollcribasc@gmail.com

Me encantaría conocer su opinión;

es  única y valiosa.

¡Saludos a mis lectores de Honduras, Estados Unidos, Colombia, México, Perú, El Salvador, España, Argentina, Costa Rica, Venezuela, Canadá, Uruguay, Panamá, Guatemala & República Dominicana!

 

Da tu asiento y ayuda con su mochila

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Se encontraban tres filas de hombres sentados, entra una mujer cargando a su bebé, pasan tres minutos y ninguno se levanta. Le hago una seña y le doy el asiento.

Es increíble como ya no hay modales ni cortesía. Este mensaje no tiene por qué ser extenso, sencillamente, lo escribo porque debemos como buenos ciudadanos e incluso cristianos ayudarnos mutuamente cuando vamos en el transporte público. Quienes son hondureños entienden, a la perfección. Con gestos como ayudarle a a alguien con sus bolsas o con su mochila hacemos más que suficiente.

Pero hay más, puedes comprarle chocolates o galletas a quien va vendiendo, he visto gente de veinte años haciendo su mayor esfuerzo por llevar el pan de cada día. Y si piensas que no vas a consumir el producto, solo págalo y dile que lo venda. Son diez lempiras o veinte, que están dentro de tu presupuesto y equivalen al costo de una bebida que podrías ahorrarte al agua comprar.

También cuando hay ancianos hay que inmediatamente brindarles un lugar. Cualquier fractura que reciban a su edad les puede causar un daño a gran magnitud y la recuperación será muy dolorosa, contribuyamos a evitar uno de esos accidentes.

Puedes también ayudar a decirle a alguien que se siente cuando se desocupe un puesto, ya que a veces las personas van distraídas y quedan paradas por un largo tiempo solo por no estar pendientes.

¿De qué otras maneras podemos ayudar a nuestra comunidad en el transporte público? Espero tu opinión en los comentarios o tu testimonio, si eres de algún otro país. Si eres tímido puedes escribir directamente a mi correo:

nykollcribasc@gmail.com

  Con amor,

Amparo Cribas.

¡Ámalo en Bruto!

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Esta ilustración fue hecha por el artista sampedrano, Luis Gonzáles, en exclusiva para hacer más vívidos los sentimientos que se plasman en este artículo. En Instagram: _.gonz 

Cuando una niña se acercaba a mí, para preguntarme si me gusta su look, le contesté:  está genial, aunque realmente no se veía así. Cualquiera me puede decir que miento.  Pero en realidad no lo hago, sencillamente me adelanto a los hechos. Y tengo una razón… verán: todos necesitamos un empujoncito al principio, necesitamos que crean en nosotros en lo que somos a futuro capaces de hacer.

Titulo esta nota “ámalo en bruto” porque lo que cada niño con un sueño, un joven con un anhelo, un adulto con un proyecto necesita, es: apoyo y no pesimismo.

Debo añadir en este segundo párrafo un: “ámate en bruto” porque a veces, “me incluyo”, detestamos los procesos, queremos todo de inmediato. Es gracioso, porque puedo esperar horas en una cafetería o banco, leyendo un libro, pero cuando estoy emprendiendo algo, no descanso hasta verlo terminado, porque me molesta ver pequeños progresos. Hice esa pausa, para enfatizar una de mis debilidades o fortalezas, ustedes llámenlo como quieran. Tal vez, alguien ahí es igual a mí.

En fin, “debemos” y digo “debemos”, (lo reitero a propósito), amar nuestros primeros pasitos, nuestros pequeños esfuerzos, nuestras pequeñas partes del rompecabezas como me lo recuerda, mi amigo, Luis Gonzáles, en sus hermosas ilustraciones. Quizás sea lo más difícil, ser nuestros propios patrocinadores, pero hay que empecinarnos en hacerlo, para crear una fuente inagotable de motivación cuando todo va empezando.

¿Saben? No me arrepiento de no haber despedazado el sueño de muchos. Recuerdo cuando le hice notar a un conocido como parecía un genio con tantas ideas magníficas y un año después terminó ganando una copiosa cantidad de dinero en un concurso de emprendimiento, también cuando felicité a una de mis amigas por su talento en el diseño y ahora tiene su propia empresa de zapatos.

Podría continuar relatando mis experiencias pero, ese es en esencia el mensaje que quiero dejarles, que por favor no sean tan duros al criticar los inicios de alguien en su viaje, recuerden que son meramente eso.

Algo puede crecer o desvanecerse con nuestras palabras. Así de valiosos somos los amigos.

Con amor al arte, y el arduo trabajo de todos,

Amparo Cribas.

Pueden escribirme en estos comentarios o enviarme un correo a nykollcribasc@gmail.com

Su opinión es  única y valiosa.

¿Por qué dejé de dar explicaciones?

Existen muchas razones, por las cuáles dejé de dar explicaciones, y aunque escribir esta entrada parezca una paradoja, en realidad me place compartir ésto, para que tal vez alguien de ustedes también se libere.

Bien, aquí voy…

1. Porque existen situaciones incómodas que no son fáciles de explicar.

2. Porque explicar demanda tiempo (que puedo ocupar en algo que sí sea relevante).

3. Porque si quiero justificarme, pero a la persona con quien hablo no le agrado entonces todo lo que le diga será un lapso de tiempo que él o ella sólo ocupará para idear su argumento en contra de lo que digo.

4. Porque simple y sencillamente nadie es juez de nadie y somos autónomos para proceder con discernimiento, sin pedir aprobación o permiso(a menos de que sea mamá o papá, o alguna autoridad, jeje; ahí se merecen todas las explicaciones del mundo).

5. Porque puede que mientras expliques algo se te escape una de tus debilidades y posteriormente el receptor la use para destruirte ya sea porque nunca te apreció o porque en un momento se enojó y aprovechó que sabe eso para hacerte sentir mal (los seres humanos somos inconscientemente malvados).

¡A perdonar!

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Sin duda alguna ser indulgentes es una de las cualidades humanas que más nos cuesta desarrollar. Estar enojados a veces puede considerarse como algo normal y justo, pero a la vez puede causar mucho sufrimiento, más aún cuando nos resentimos y somos rencorosos. En la carta del apóstol Pablo a los Efesios el versíulo veintiséis nos insta a olvidar rápido.

«Si se enojan, no pequen.» No dejen que el sol se ponga estando aún enojados,… (NVI)

Teniendo a un Dios que nos perdona una y otra vez la misma historia, lo mínimo que podemos hacer es ser más tolerantes entre sí. Perdonar es hermoso, y cancelar trabas es aún mejor; es olvidar, y quitar esas fatigas de nuestro camino. ¿Pero cómo puede ser esto posible? A través de la oración encontramos nuestra respuesta. Cuando oramos al Padre y le entregamos las pequeñas peleas del día, él nos llena con su espíritu misericordioso dispuesto a reiniciar, (sí, desde cero)  para que sea él quien rinda cuentas y no nosotros. Debemos darle el control, es decir confiar en que él obrará en la vida de nuestro prójimo conforme a su perfecta voluntad.

Cuando decidimos perdonar y olvidar las fallas de nuestros hermanos nos llenamos con libertad, con alegría, con gozo, y por supuesto con capacidad para amar sin límites así como Cristo siempre lo ha querido.

¡Construyamos paz! 

Con amor,

Amparo Cribas.